Sobre valores y etiquetas

Sobre valores y etiquetas.

Durante mucho tiempo creí que mi profesión me definía. Me fusioné con ella de tal manera que me relacioné con el mundo laboral desde un espacio nada sano para mí, creyendo que ese era mi único rol, convenciéndome que debía cumplir expectativas ajenas, ser la mejor y “salvar el mundo”. De lunes a viernes, trabajaba. Durante los fines de semana y  en mi tiempo “libre”, seguía trabajando desde casa o me formaba, invirtiendo para ello mucho tiempo y energía. Así estuve unos 8 años aproximadamente. Y estuvo bien. Fue necesario y me trajo hasta donde estoy hoy.  Esto me lleva a la idea de que a veces, necesitamos aprender a través de “contrastes”. ¿Qué quiere decir esto?, muy fácil, que necesitamos aprender lo que no queremos, lo que no está alineado con nosotros ni con nuestra naturaleza para discernir y saber qué es lo que SI. Si ya se donde no quiero volver y actúo en consecuencia (he aquí el quit de la cuestión, queridx amigx), el camino sólo puede llevarme a nuevos lugares en los que adquirir nuevos aprendizajes, nuevos espacios mucho más coherentes con quien soy en cada momento.

Es curioso cómo a lo largo de la vida interiorizamos valores que nos transmiten, directa o indirectamente, nuestra familia y la sociedad, valores que ya arrastraban nuestrxs ancestrxs y que representan paradigmas de vida ya caducos y limitados. Condicionamientos que no hemos cuestionados, y que en la mayoría de las ocasiones, ni si quiera nos paramos a pensar en ellos. ¿Cuántas veces has dicho: “es que yo soy así”?, yo un montón. (No somos nada de lo que creemos, sólo aprendemos a actuar de determinadas maneras).

Sin embargo, cada vez con el corazón más abierto, me dejo enseñar por la vida. En los últimos meses me recuerda que que no soy rígida,  ni inflexible, ni que me asustan los cambios. Tampoco soy tímida, ni miedosa, ni pasiva, ni “correcta”, ni “buena” y mucho menos perfecta. No funciono nada bien si para crecer tengo que relacionarme con la lucha y el sobreesfuerzo. La vida me enseña con cada paso que doy, que necesito el cambio (al igual que todxs), que actúo aún tiritando de miedo, que busco maneras nuevas de hacer las cosas, que tengo opinión y que ésta tiene valor, que puedo sentir rabia y expresarla y eso no me hace ser mala, que tengo derecho a hacerme oír, que merezco atender y verbalizar mis necesidades, que la palabra lealtad necesita de nuevas definiciones más amables y tolerantes para conmigo misma y las demás personas que me rodean. Que no creo en las etiquetas, que puedo desarrollar mis talentos y habilidades de muchas maneras y no tengo por qué limitar mi creatividad ni cortar mis alas por el miedo al qué dirán, ay “el qué dirán”, cómo llega a desmembrar nuestra Verdad y nuestros deseos si se lo permitimos.

30 años cargando estrictos creencias que me hicieron creer que yo era de una determinada manera, subordinando mi verdadera esencia a unos mandatos sociales que intentan cosernos a todxs con un mismo patrón. ¿Pero sabes qué es lo mejor de todo? Nuestra libertad y coraje para poner en el punto de mira todos esos dogmas y sustituirlos, si de verdad lo deseamos, por nuevos valores que nos permitan crecer. Ser nosotrxs mismxs, alejarnos de los miedos y de toda la mierda que nos hemos creído acerca de la vida, de las relaciones, de la amistad, del trabajo… Ideas malsanas que nos hacen creernos insuficientes, rarxs, débiles y egoístas si nos priorizamos y prendemos en una hoguera la capa de súper héroe /heroína.

En mi caso personal, llego a la conclusión de que todos estos valores fueron usados como formas de supervivencia.  Sin embargo, hoy ya no los necesito, cambio la idea opresiva de lealtad por amor, compasión y aceptación del otro y de mi misma, priorizando mis necesidades y mi Verdad, aunque la otra persona no lo entienda. Cambio la disciplina, el control y el perfeccionismo por autoescucha y autocuidado, por compromiso y confianza. Cambio la inacción y la parálisis por confianza, coraje y  poder personal. Cambio la lucha y el esfuerzo por  entusiasmo, ligereza, curiosidad y alegría.

¿Qué cambias tú?

Gracias por leerme 🙂

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