«Es hora de volar, hermosa Hada»

Al fondo del pasillo, una puerta. Grande, azul como el cielo y con un precioso pomo dorado esperando de una mano valiente que quiera dar paso al siguiente nivel.

Sentada en un rincón de esas cuatro paredes que durante los últimos años fueron su refugio, ladea su cabeza y entornando levemente sus ojos, trata de adivinar qué habrá tras esa puerta, aunque de alguna manera ya pueda imaginarlo… Una suave y cálida luz dorada se cuela bajo la madera, atrayéndola hacia ella como una fuerza magnética. Se levanta. Siente el suelo frio y rugoso bajo las plantas de sus pies. Sonríe. Está aquí. Materia. Carne. Huesos. A veces se le olvida.

De pie, frente a la gran puerta azul, lanza un último vistazo a su alrededor. Esa habitación, ahora oscura, cubierta de polvo y fantasmas, le ha proporcionado las herramientas que hoy necesita y que otras, en algún momento de sus vidas, también buscarán. Ahí ha aprendido que el cuerpo pesa si no se le escucha, al igual que la vida. En ella ha crecido, ha logrado ponerle palabras a su sentir, a ver lo invisible, a danzar con lo etéreo y a escuchar el silencio. En ella ha sentido el vacío y el dolor, pero también el amor de quien sostiene y da desde muchas vidas atrás.

Sabedora de que, una vez atraviese el umbral, podrá desplegar sus alas con ligereza y libertad. Las mismas alas que tanto dolieron al ser aplastadas por el peso de su propio rechazo. Sin embargo, también sabe que solo abrazando y bendiciendo lo vivido podrá conectar con el perdón y el amor. Del de verdad, del que transforma. Del que cuando miras atrás no duele, del que todo lo impregna con aceptación y gratitud.

Ella,  alma y espíritu, carne y materia, habitará sus dos mundos, el de allí  y el de aquí, remendando, embelleciendo e inspirando el movimiento de otras alas hermanas, alzando vuelo pero también hundiendo sus pies en la tierra fresca, húmeda y viva, gritándole al mundo su secreto a voces. Y es que, aunque muchxs aún no se hayan dado cuenta, la magia existe y ella sabe cómo transformarla en materia. Sus alas, sublevándose a su propio pasado, se agitan revolucionadas de emoción, sus uñas pintadas de rojo, un rojo encarnado como la sangre y en el rostro, la luz en sus ojos.

Abramos la puerta a lo que está por venir. Es hora de volar, hermosas hadas.

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