Querida yo:

Querida yo:

Suelta lo que te pesa, últimamente parece demasiado, aunque trates de contenerlo y contenerte. Saber que tu corazón está en otra parte e ir incansable hacia él, hacia un destino lleno de incertidumbre, puede ser toda una aventura, ¡valídate! De repente, te vuelves a encontrar echando mano de tus herramientas “estrella”, esas que aprendiste y quizá funcionaron en otro momento. Funcionaron para traerte hasta donde hoy te encuentras, pero sabes que usadas sin consciencia y de forma automática, te desgastan como ya lo hicieron. Es hora de hacerlo diferente.

Curiosea y diviértete. Disfruta del camino que abres a cada paso que das. Aunque no veas nada. Aunque a ratos todo parezca estar lleno de maleza y haya tramos en los que las ramas se enganchen a tus pies. Cuando esto ocurra, para. Descansa. Observa. Contempla el paisaje. Más allá del camino, verás árboles preciosos dispuestos a brindarte frescura y cobijo. Las flores te recordarán la belleza que esconde tu propia vulnerabilidad. Escucha el sonido de las aguas cercanas. Frescas y salvajes se adaptan al entorno, fluyen sin pensar qué pueden arrastrar con ellas, sin tratar de controlar las distancias, la profundidad del terreno o el torrente capaz de encauzar.

No has venido a salvar el mundo. No has venido a salvar nada ni a nadie. Ni siquiera a inspirar ni a iluminar. Has venido a ser tú. Lo demás vendrá por añadidura, está segura.

Continúa cuando te sientas preparada de nuevo. Sigue a tu corazón. Te prometo que no es ninguna idea romántica. Fortalece el músculo de la confianza. Pon tu energía en tu propio disfrute, será tu arma: revolucionaria y amorosa. Mira tu poder de frente. No tengas miedo de él. No tengas miedo de ti. Cuando te preguntes: “¿quién soy?”, recuerda que eres tu goce, tu placer, tus sentidos, lo que ves, lo que saboreas y experimentas. Eres lo que te es fácil. Eres lo que das y lo que permites recibir desde ese lugar de amor y respeto hacia ti. Eres los límites que pones para protegerte. Eres lo que amas. Sea lo que sea en cada momento. Desde una energía fecunda y accionada o desde la energía nutricia del descanso y la integración.

Tranquila, mi niña. Estoy contigo. Quizá en otro tiempo o en otra dimensión. Qué mas da. Pero toma mi mano y sonríe. Estás siendo guiada, valiente.

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