Atención Plena I: Qué es + tips para llevarla a la práctica

Siguiendo con la serie de publicaciones sobre meditación que compartí en mi perfil de Instagram en los últimos meses, en esa ocasión me parecía importante hablar más detalladamente sobre la Atención Plena o Mindfulness. Y es que, cada vez más, estamos comprobando por nosotras mismas los múltiples beneficios que esta práctica puede aportar en nuestras vidas. Además, yo que soy muy práctica, me parece la forma más simple, sencilla y eficaz de conectar con nosotras y la realidad del momento.

La sociedad occidental actual, viene marcada por unos ritmos tan rápidos y antinaturales que hacen que nos desconectemos de nosotras mismas y de los ciclos propios de la naturaleza. Esto hace que, si no ponemos conciencia y presencia terminemos por vivir nuestra vida en automático, repitiendo tareas, creencias y patrones de funcionamiento; dejándonos llevar por una espiral insana y agitada que termina por abocarnos a un estado de apatía, falta de vitalidad y  falta de sentido de propósito. Según lo observo, todas en mayor o menor medida hemos estado ahí. ¿Te reconoces?

Ahora bien, ¿de qué trata la Atención Plena?

La atención plena no es otra cosa que vivir con presencia. Así de simple y complejo a la vez. Se trata de activar de forma consciente tus sentidos y saborear el instante que está ocurriendo justo en este momento, desde la observación y la ausencia de juicios. Esto quiere decir, sin catalogar como “bueno” o “malo”, como “cómodo” o “incómodo”, “bonito” o “feo”… Podríamos decir que se trata de mantener la mente centrada en el aquí y ahora.

Cuando no tenemos nuestra mente entrenada para ello, los pensamientos nos llevan constantemente al pasado o al futuro, produciendo un parloteo mental que poco tiene que ver con nosotras y con la realidad de este momento. Esto, a su vez, puede tener un efecto devastador en nuestro cuerpo emocional, trayendo estados de ansiedad, tristeza, desgana, nerviosismo…

Evidentemente, se trata de un aprendizaje y a no ser que vivas en el Tibet, lleves una túnica naranja y la cabeza rapada o que, directamente estés iluminada, vivir con atención plena 24/7 es un pelín complicado. Por tanto, ¡ojito con las expectativas que nos conocemos! Je, je 😉

Siempre invito a tomarla como un juego; probar y practicar desde el goce y la conciencia de que estás viva. Entender esta práctica como una herramienta para vivir tu vida de una forma más simple, despierta y conectada a ti y a tu verdad.

Puedes comenzar a practicarla mientras haces pequeñas tareas concretas. Por ejemplo, mientras desayunas, lavas los platos, conduces durante un trayecto cortito o te das una ducha. Comenzar por actividades simples, breves y cotidianas harán que resulte más fácil.

Te pongo un ejemplo. Si decides practicar la Atención Plena mientras te duchas puedes:

  • Concentrarte en sentir el agua caliente sobre el cuerpo.
  • Oler  los productos de baño.
  • Escuchar el agua caer.
  • Sentir cómo la musculatura se relaja…

¡Es una maravilla! La experiencia cambia por completo.

Pero... ¿qué pasa cuando vivimos situaciones o etapas incómodas o dolorosas?

Precisamente, esos momentos son en los que la mente rápidamente busca formas de evasión. Por tanto, ahí encontraremos el gran reto: mantenernos presentes y desarrollar nuestra tolerancia a la incomodidad e incluso al dolor. Pero déjame decirte que, si nos familiarizamos con esta práctica y comenzamos a integrarla en nuestro día a día de una manera natural y paulatina, de forma indirecta, el músculo de la resiliencia irá volviéndose un poquito más fuerte y resistente a las dificultades y obstáculos que pueden aparecer en el camino.

Entonces, yo me pregunto, ¿es que la vida no es realmente esto? Vivir paladeando cada momento, sintiendo cada experiencia más o menos retadora, más o menos placentera, pero recordándonos una y otra vez que tenemos un cuerpo maravilloso que nos permite conectar con nuestro entorno y con nosotras mismas, que estamos vivas y que la vida es AHORA.

En la próxima entrada del blog, continuaré hablando a cerca de la multitud de beneficios que la presencia nos puede aportar en nuestro día a día. Además, ¡vendrá acompañada de una sorpresita! 

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Gracias por leerme.

Sara

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