Desde tiempos inmemoriales han existido las contadoras de historias. Como ya dice Ángeles Arrien en su libro «Las cuatro sendas del Chamán», contar historias forma parte de los cuatro bálsamos sanadores universales. Según yo lo siento, los cuentos tienen el poder de hacernos conectar con una sabiduría antigua, profunda y ancestral que todas portamos dentro y que, por tanto, forma parte del imaginario colectivo. Su simbolismo actúa como catalizador hacia nuestro yo más profundo y sabio, hacia esa parte de nuestra psique que no busca transitar por las sólidas y limitadas miras del intelecto, esa parte que nos une, de forma mágica, con todas las que fueron antes que nosotras. A través de los cuentos, conectamos con nuestra historia, con nuestras emociones, con las experiencias y los recuerdos que vamos atesorando a lo largo del camino. Esto nos llevará, sin duda, a abrir de nuevo nuestro corazón y a conectar con nuestra medicina.

Titilantes llamas prendían sus pupilas. Cuando se dejaban ver, su algo más de metro y medio parecía multiplicarse por dos. El peso de su cuerpo se volatilizaba, y el calor que nacía de las vísceras buscaba la salida a través de sus mejillas arreboladas. Esa energía súbita y punzante la abrumaba...
Una noche más, hundía sus dedos en la tierra mientras los restos de sedimentos, piedrecitas y arena rasgaban sus manos y buscaban escondite bajo sus uñas...

Cada noche, la luna la acunaba al eco de una nana. Tranquila, era llevada hacia mundos lejanos, cargados de seres fantásticos, castillos y aventuras. Allí, no existía el miedo ni el dolor. Todo le era dado...

“¿Para qué estoy aquí? Me preguntaba una y otra vez. Fue una tarde cualquiera cuando, al hacer nuevamente la pregunta, una mariposa con sus bellas y coloridas alas jugueteó a mi alrededor...
Y entonces, en medio de la tormenta, muchas se   reconocieron en la SANADORA. Contaron historias, cantaron y tocaron el tambor. Hicieron emerger  sentimientos y emociones que durante mucho tiempo fueron ignoradas...
"Sacudida por la nostalgia, giró sobre sus pasos para contemplar el largo camino recorrido que la había llevado hasta donde en este momento se encontraba...
Era tarde y no podía dormir. Ahí estaba Maia, sentada en su sofá, con la cabeza atiborrada a pensamientos y el corazón agitado, sintiendo un torbellino emocional en su cuerpo del que no era capaz de librarse...
Al fondo del pasillo, una puerta. Grande, azul como el cielo y con un precioso pomo dorado esperando de una mano valiente que quiera dar paso al siguiente nivel...
Contemplando sus aguas en calma, pudo ver su reflejo: suave, cálido, luminoso pero firme como la mamá osa que protege a sus crías. Desnuda de toda vestidura que la limitara...
Escribir para acceder a ese espacio sagrado del que sólo las palabras parecen tener la llave. Un espacio hondo y antiguo. De otras vidas. Vidas en las que las faldas se entremezclaban por sus piernas...
Las últimas semanas estuvieron cubiertas por un halo de confusión y pesadez. Durante el día, sus aguas bailaban al son de la incertidumbre y la desgana...