Alquimista de tu vida

Una noche más, hundía sus dedos en la tierra mientras los restos de sedimentos, piedrecitas y arena rasgaban su piel y buscaban escondite bajo sus uñas. Poniendo sus manos a escarbar, desesperadas e impacientes, trataba de hacer un agujero lo suficientemente grande como para enterrar pedazos de ella misma que tanto le aterraban.

Aquel día, sin embargo, su intuición susurraba que sería diferente. No se equivocaba. Desde las entrañas de la tierra, una gran boca profunda y oscura como aquella noche sin luna se abría bajo sus pies. No hubo tiempo de retroceder sobre sus pasos. Tampoco resistencia. Se dejó caer por la trampilla mientras veía, como si de una película se tratase, algunas de las partes que creyó escondidas tiempo atrás.

Una vez abajo, en ese lugar sin nombre, la imagen de una mujer aguardaba. Era una presencia antigua, fuerte, salvaje, primitiva que, a pesar de su siniestra apariencia, emanaba pureza y verdad.

 -¿Quién eres?- preguntó la joven, aún paralizada por el miedo.

-La sombra, lo que no se ve, la muerte y el renacer. Soy transformación, la esencia de todo cuanto respira. Soy la vida misma, pues debes saber que todo nace en la oscuridad. Aquí, niña, te confrontas con tu propia vulnerabilidad, esa que te hace humana y desprovista de cualquier ilusión de control. Pocas se atreven a bajar y abrir su corazón a todas esas partes.

Confundida, logró sacar un hilo de voz: – pero…tengo miedo. ¡No quiero estar aquí!

-Quién no se muestra disponible a su oscuridad, tampoco puede hacerlo a la luz de la conciencia – respondió la sabia. Mantente presente y solo siente. Verás que tu mirada se aclimata a la negrura de la noche y comienzas a distinguir las sombras a tu alrededor. Cuando las veas acercarse a ti comprobarás que no son tan grandes ni feroces. Probablemente, solo quieran entregarte algún mensaje y luego, simplemente, desaparezcan. 

La mera presencia y las palabras de aquella mujer retumbaron en su vientre y en su corazón, actuando como un catalizador que avivaría su llama interna. Una gran llamarada logró iluminar el lugar, ofreciéndole confianza para recorrer todos esos rincones que durante años se negó a visitar. Un rato después, una luz nueva aparecía en su mirada. Igual llevaba razón, igual aquellas formas que creía amenazantes perdían poder cuando era ella quien lo recuperaba a través de la simple observación, la pausa y su respiración serena.

Antes de que la mujer desapareciera, le dijo:

-Recuerda, querida: eres naturaleza, eres fragilidad y potencia. Adentrarte en aquellas zonas menos habitadas de tu conciencia requiere de un gran amor y valentía.  Reconociendo y liberando todas esas partes en ti, serás la alquimista de tu propia vida. 

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